BLOG DIDÁCTICO DE JUAN CARLOS DONCEL (IES SIERRA DE SAN PEDRO. LA ROCA DE LA SIERRA, BADAJOZ)

La edad de oro de la piratería: corsarios y piratas en el Atlántico durante la Edad Moderna

La PIRATERÍA entendida como actos de saqueo y bandolerismo en el mar es tan antigua como la navegación. Desde épocas remotas hemos tenido noticia de su existencia. Ya en la Antigüedad Julio César tuvo que actuar contra los piratas cilicios que asolaban el Mediterráneo en época romana. En la alta Edad Media fueron vikingos y árabes los que hicieron de la piratería una práctica habitual, mientras que en los últimos años de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna, los piratas berberiscos musulmanes del norte de África (Jeireddín Barbarroja) hicieron muy difícil la navegación en el Mediterráneo Occidental. La piratería no fue exclusiva de Europa, también fue frecuente en África (dedicada a la caza de esclavos) y en el suroeste de Asia, donde fue endémica en el estrecho de Malaca y sur de China.


Abordaje pirata

Pero, sin lugar a dudas, donde la piratería alcanzó un gran renombre y pasó a la posteridad fue en el Mar Caribe y el Océano Atlántico entre los siglos XVI y XVIII. Las acciones de piratas ingleses, holandeses y franceses en el contexto de la lucha de estos países contra el Imperio Español son las más conocidas y se han convertido en una leyenda.

En las costas de España y Portugal y en las orillas americanas del Mar Caribe la actuación de los piratas supuso un problema permanente para el dominio español de la zona. Fueron conocidos también con los nombres de filibusteros o bucaneros y en algunos momentos de pusieron en su tarea de saqueo y destrucción de barcos y puertos españoles al servicio de los reyes y gobernantes enemigos de España. Cuando eso ocurría eran conocidos como corsarios, ya que disfrutaban de la llamada patente de corso, una especie de "licencia para robar, destruir y saquear" con autorización del rey francés o inglés; el corsario, por tanto, era un pirata protegido por el rey ( de Inglaterra y Francia) que favorecía y legalizaba su actividad en tiempos de guerra como una forma de atacar a su enemigo, generalmente el reino de España.

Aunque sus intervenciones fueron continuas entre mediados del siglo XVI y mediados del siglo XVIII, se han sobrevalorado sus hazañas. Tras los primeros éxitos piratas, los españoles tomaron diversas medidas que redujeron los estragos de sus ataques como la construcción de sólidas murallas en las principales ciudades costeras, la organización de grandes flotas que agrupaban los barcos de comercio con Europa y permitían defenderlos con más eficacia o la fabricación de grandes galeones, barcos muy elevados y con gran potencia artillera. Piratas y corsarios rara vez lograron asaltar los grandes galeones de las flotas españolas, perfectamente organizados y muy armados, y en contadas ocasiones pudieron conquistar los grandes puertos bien fortificados. Generalmente se contentaron con asaltos a pequeñas embarcaciones y a puertos o enclaves de menos importancia y peor protegidos. Para dichos ataques utilizaban sus bases en islas del Caribe que estaban al margen del control de España: desde la segunda mitad del siglo XVI y especialmente en el siglo XVII, aprovechando el progresivo debilitamiento militar español, los piratas se asentaron en lugares como la isla Tortuga, cerca de la actual Haití, también en Jamaica, Barbados y en las costas continentales de centroamérica (en la actual Belice y en la Costa de los Mosquitos).

Por otro lado, los piratas eran mucho más que simples saqueadores, con frecuencia se dedicaron también al contrabando y al comercio ilegal, vendiendo y comprando en la América española productos a precios mucho más bajos que los oficiales impuestos desde España por la Casa de Contratación de Sevilla. Durante la crisis del siglo XVII, cuando el comercio con la metrópoli española se redujo al mínimo, las clases altas americanas buscaron en el contrabando la mejor forma de abastecimiento, fue la época dorada de los filibusteros contrabandistas. Otros participaron activamente en el lucrativo negocio del comercio de esclavos entre África y América.

Aunque los piratas más famosos (Drake, Hawkins, Morgan) crearon su fama principalmente por su gestas frente a barcos y puertos españoles, fueron numerosos los que también destruyeron barcos de otras nacionalidades y puertos no españoles. El galés Bartholomew Roberts (siglo XVIII) consiguió capturar unos 456 buques (principalmente británicos), bloquear las Barbados británica y la Martinica francesa, y desafiar a la misma Royal Navy (Marina Real Británica). Aunque fue el pirata más exitoso de la historia, la nacionalidad de sus víctimas le privó de la relevancia casi mítica que alcanzaron los anteriormente nombrados.

En este mapa (fuente: elaboración propia) se muestra el Mar Caribe en los siglos de mayor importancia de la piratería (pinchar en él para ampliar).




Con puntos rojos aparecen los principales puertos defensivos y comerciales de España en la zona. Todos fueron en algún momento conquistados por piratas, especialmente en el siglo XVI, ya que las defensas fueron muy deficientes hasta finales de ese siglo. A partir de entonces, los saqueos fueron mucho menos frecuentes. De entre todos los sistemas defensivos, destacó el de la ciudad de Cartagena de Indias, con magníficas murallas (ver foto y plano inferior) que, una vez construídas, fueron inexpugnables y evitaron que nunca más fuera conquistada. En 1741 tuvo que soportar el ataque de una flota inglesa muy superior que, sin embargo, no pudo tomar la ciudad.


Murallas de Cartagena de Indias

Cartagena de Indias

La leyenda que se creó entorno a los piratas y corsarios incluyó como ingrediente fundamental su comportamiento cruel y despiadado. Por ejemplo a El Olonés se le atribuyó un trato terrible con sus prisioneros que lo convirtió en un personaje temido y odiado: los interrogaba y torturaba para luego elegir a uno de ellos como escarmiento a los demás y o bien cortaba su cuerpo en pedazos o bien le rasgaba el pecho sacándole el corazón que a veces masticaba y escupía a la cara de los demás. Sobre la crueldad de Edward Low y su tripulación se cuenta que en una ocasión cortó las orejas de un hombre para luego dárselas de comer con sal y pimienta. En las películas son frecuentes las escenas de abordajes o de tarbenas lúgubres donde los piratas bebían ron y cantaban canciones como la que aparece en la escena de este vídeo.

Jolly Roger
Bandera del pirata Jack Rackham, conocido como Calico Jack, es el símbolo pirata por excelencia. A la imagen de una calavera con dos huesos o sables cruzados se le llamaba Jolly Roger y tuvo numerosas variantes.

La necesidad de mantener la disciplina en alta mar y evitar las frecuentes rebeliones llevó a muchos jefes piratas a reglamentar la vida a bordo de sus barcos. Es el caso de las normas impuestas por el galés Bartholomew Roberts en 1721 y recogidas por Charles Johnson (fuente: Wikipedia):

I. Todo hombre tiene voto en los asuntos del momento, tiene igual derecho a provisiones frescas o licores fuertes en cualquier instante tras su confiscación y pueden hacer uso de ellos a placer, excepto que la escasez haga necesario, por el bien de todos, su racionamiento.
II. Todo hombre será llamado equitativamente por turnos, según la lista, al reparto del botín (sobre y por encima su propia participación), se le permitirá cambiarse de ropa para la ocasión pero, si alguno defrauda a la compañía por valor de un dólar de plata, joyas o dinero, será abandonado a su suerte en el mar como castigo. Si el robo fuese entre miembros de la tripulación, esta se contentará con cortar las orejas y la nariz al culpable y lo desembarcará en tierra, no en lugar deshabitado pero sí en algún sitio donde se dé por sentado que encontrará adversidades.
III. Nadie jugará a las cartas o dados por dinero.
IV. Las luces y velas se apagarán a las 8 de la noche; si después de esa hora algún miembro de la tripulación se inclina a seguir bebiendo, puede hacerlo sobre cubierta.
V. Mantener sus armas, pistolas y sables limpios y listos para el servicio.
VI. No se permiten niños ni mujeres. Si cualquier hombre fuera encontrado seduciendo a cualquiera del sexo opuesto, y la llevase al mar disfrazada, sufrirá la muerte.
VII. En batalla la deserción del barco o sus camarotes será castigada con la muerte o al abandono a su suerte en el mar.
VIII. No se permiten las peleas a bordo, pero las disputas de cualquier hombre se resolverán en tierra, a espada y pistolas.
IX. Ningún hombre hablará de dejar su modo de vida hasta que haya aportado 1000 libras. Si, para conseguirlo, perdiera una extremidad o quedara impedido para el servicio, se le darán 800 dólares extraídos del inventario común y por heridas menores, en proporción a su gravedad.
X. El capitán y su segundo recibirán dos partes del botín; el maestre, contramaestre y cañonero una parte y media, y el resto de los oficiales, una parte y un cuarto.
XI. Los músicos tendrán descanso el sábado pero no los otros seis días y noches, a no ser por concesión extraordinaria.
Los piratas Francis Drake en el siglo XVI (ver vídeo) y Henry Morgan en el siglo XVII (ver vídeo sobre su conquista de Panamá) son sin duda los más conocidos. Fueron el azote de los españoles en América. El primero atacó los intereses hispanos en la Península Ibérica (asalto a Cádiz o La Coruña ) y en América (saqueo de Veracruz y Santo Domingo) y fue la segunda persona en circunnavegar el globo después del marinero vasco Juan Sebastián Elcano. El segundo saqueó importantes puertos españoles como Portobelo, Maracaibo o Panamá. Ambos gozaron del favor de los reyes ingleses, que los nombraron caballeros por sus servicios prestados como corsarios contra los españoles. Otros piratas importantes de esa época dorada fueron el inglés John Hawkins (siglo XVI), el francés Pierre Le Grand (siglo XVII), el holandés Laurens de Graff (siglo XVII), el francés Jean D. F. de Nau conocido como El Olonés (siglo XVII), el inglés Edward Teach ("Barbanegra") entre el siglo XVII y el XVIII, el irlandés Edward England (siglo XVIII) y el inglés Edward Low (siglo XVIII).