BLOG DIDÁCTICO DE JUAN CARLOS DONCEL (IES SIERRA DE SAN PEDRO. LA ROCA DE LA SIERRA, BADAJOZ)

Fuerzas políticas, líderes y procesos electorales durante la II República Española

Manifestación de júbilo en Madrid 
con la proclamación de la II República
El comienzo de la II República (1931-39) supuso un cambio radical en la dinámica política del primer tercio del siglo XX. El reinado de Alfonso XIII supuso la persistencia de un sistema oligárquico y caciquil que en algún momento derivó en dictadura (gobierno de Primo de Rivera entre 1923-30) y en ningún caso permitió un verdadero desarrollo de los partidos políticos y de la vida parlamentaria. Con la llegada de la República la instauración de un sistema democrático dio gran impulso a la vida política con la proliferación de partidos que convirtieron el parlamento en uno de los ejes centrales de la vida política española.


PARTIDOS POLÍTICOS Y LÍDERES DE LA II REPÚBLICA

IZQUIERDA OBRERA

La base social de la izquierda obrera era fundamentalmente la masa creciente de obreros urbanos y rurales. La industrialización lenta de finales del siglo XIX y su continuidad en las primeras décadas del siglo siguiente creó una importante clase obrera urbana e industrial en determinadas regiones como Cataluña, País Vasco o Asturias, territorios que junto a enclaves como Valencia o Zaragoza fueron importantes feudos de los partidos y asociaciones obreras. También lo fueron las áreas latifundistas del suroeste, Extremadura, La Mancha y Andalucía occidental, donde millones de jornaleros sin tierra vivían en condiciones de vida que rozaban la servidumbre.

Las ideas básicas que defendía el obrerismo republicano eran las propias de la izquierda republicana (secularización, descentralización) pero con un énfasis muy marcado en las reformas socio-económicas. Para la izquierda obrera la mejoras sociales y laborales y la reforma agraria eran prioritarias e irrenunciables. Los sectores más radicales llegaban más lejos y preconizaban la revolución social.

El PARTIDO SOCIALISTA (PSOE) fue el mayor partido de la izquierda obrera en nuestro país durante la II República y también el menos radical de las agrupaciones obreras. Era un partido heterogéneo en el que convivían diversas sensibilidades, desde el reformismo moderado de Besteiro y Prieto hasta el ala más radical semirevolucionaria de Largo Caballero, dirigente este que ejerció una enorme influencia sobre el poderoso sindicato socialista UGT. El papel del PSOE en la vida política republicana fue clave, participó en el Gobierno Provisional, tuvo una labor destataca en la vida parlamentaria del Bienio de Izquierdas (1931-33) y su protagonismo resultó determinante en la Huelga General de Octubre de 1934. Fue pilar esencial del Frente Popular en 1936 y dos de sus líderes fueron presidentes del gobierno de la II República durante la Guerra Civil (Largo Caballero y Negrín).

Mitín de Largo Caballero en 1936

Otro partido de base esencialmente obrera fue el PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA (PCE), nacido en 1921 como una escisión del PSOE. Este partido marxista, que durante la II República permanecerá bajo la influencia ideológica del estalinismo soviético, fue minoritario y solo adquirió más protagonismo después de octubre de 1934, entrando a formar parte del Frente Popular. Su papel más destacado fue durante la Guerra Civil, al calor de la ayuda soviética a la causa republicana. Sus líderes más carismáticos fueron José Díaz y Dolores Ibarruri ("Pasionaria").


Dolores Ibarruri

Otros partidos obreros revolucionarios fueron el PARTIDO OBRERO DE UNIFICACIÓN MARXISTA (POUM) Y EL PARTIDO SINDICALISTA. El primero era un pequeño partido marxista pero antiestalinista dirigido por Andreu Nin y Joaquín Maurín, que tuvo cierta relevancia en Cataluña y en los primeros meses de la Guerra Civil, el segundo fue un pequeño partido fundado por el líder anarquista Ángel Pestaña, partidario de la participación política frente al resto del movimiento anarquista, más radical y contrario a la fundación de partidos políticos.
Mención aparte merecen dentro del movimiento obrero español las organizaciones anarquistas, con una formidable fortaleza durante el periodo republicano (con y sin guerra). No se trataba de partidos políticos sino de organizaciones sindicales que actuaron al margen del sistema durante buena parte del periodo republicano, si exceptuamos la colaboración con el Frente Popular en el 36 y la participación en el gobierno de Largo Caballero durante la Guerra Civil. El gran sindicato anarquista fue la CONFEDERACIÓN NACIONAL DEL TRABAJO (CNT), al que estuvo vinculada pero de forma autónoma la más radical FEDERACIÓN ANARQUISTA IBÉRICA (FAI). Líderes anarquistas destacados fueron  Juan Peiró, García Oliver o el mítico jefe miliciano Buenaventura Durruti. Algunos anarquistas lograron mantener cargos militares de importancia una vez creado el Ejército Popular de la República, es el caso de Cipriano Mera. Mención aparte merece Federica Montseny, mujer y anarquista, convertida en noviembre de 1936 en la primera ministra de la historia de España en el gobierno de concentración republicana de Largo Caballero durante la Guerra Civil.
Las milicias de estos partidos y sindicatos obreros más radicales fueron un factor clave para la supervivencia de la República en los primeros meses de la Guerra Civil pero también tuvieron un papel destacado en la represión descontrolada que asoló la zona republicana en los primeros meses de la guerra.

IZQUIERDA MODERADA

La base social de la izquierda moderada, a la que los partidos obreristas denominaban izquierda burguesa, eran las clases medias progresistas urbanas, entre la que se incluían numerosos profesores e intelectuales, así como muchos profesionales liberales y "pequeños burgueses", dueños de pequeños negocios.

En cuanto a su ideario, defendían la necesidad de una democratización profunda de la estructura del Estado, una intensa secularización del país y una completa separación Iglesia-Estado, aceptando también una descentralización territorial. Aunque sin la profundidad de la izquierda obrera, estos partidos consideraban esencial un programa de reformas sociales que permitiera un equilibrio social y la reducción de la desigualdad.


Manuel Azaña
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                                       Discurso "Paz, piedad y perdón" de Manuel Azaña

El gran líder de la izquierda moderada fue Manuel Azaña, fundador de ACCIÓN REPUBLICANA y personaje capital en el periodo republicano, en el que ocupó todos los cargos políticos posibles: fue ministro del Gobierno Provisional, Jefe de Gobierno en el Bienio de Izquierdas y tras las elecciones del 36 y finalmente Presidente de la República desde mayo de 1936 hasta casi el final de la contienda civil. En 1934 nace IZQUIERDA REPUBLICANA de la fusión de Acción Republicana con otros partidos de centro-izquierda, entre los que destacaron el PARTIDO REPUBLICANO RADICAL SOCIALISTA INDEPENDIENTE de Marcelino Domingo y ORGANIZACIÓN REPUBLICANA GALLEGA de Casares Quiroga. El primero era un partido escindido en 1933 del PARTIDO REPUBLICANO RADICAL SOCIALISTA y representaba una visión crítica más de izquierdas que la línea de la dirección comandada por Félix Gordón Ordás. El segundo era un partido nacionalista moderado que pasó a llamarse en 1932 PARTIDO REPUBLICANO GALLEGO antes de unirse en 1934 a la recién nacida Izquierda republicana. A Izquierda Republicana pertenecieron también figuras políticas de gran calado como Álvaro de Albornoz y Victoria Kent, que habían militado hasta entonces en PRRSI de Marcelino Domingo.

Diego Martínez Barrio

En esta maraña de partidos y fusiones es necesario hablar del nacimiento en 1934 de UNIÓN REPUBLICANA, partido de centro-izquierda muy moderado que participó en el Frente Popular y que surgió de la convergencia del Partido Republicano Radical Socialista antes mencionado y el PARTIDO RADICAL DEMÓCRATA recién creado por Martínez Barrio a partir de una escisión del Partido Radical de Lerroux, del que no aceptaba el acercamiento a la CEDA. Martínez Barrio fue ministro del Gobierno Provisional de la República, ministro del gobierno de Lerroux, jefe de gobierno durante un brevísimo tiempo en julio del 36 y desempeñó numerosos cargos durante la Guerra Civil, entre ellos asesor de Azaña y presidente de las Cortes. Con el tiempo Izquierda Republicana y Unión Republicana acercaron posturas y colaboraron intensamente en los meses anteriores a la Guerra Civil, después de las elecciones de 1936.

Con apoyos variables a lo largo del periodo republicano e integrados en 1936 en las candidaturas del Frente Popular, habría que hablar también del PARTIDO REPUBLICANO DEMÓCRATICO FEDERAL, descendiente del viejo partido republicano-federalista del siglo XIX y liderado por el hijo de Pi i Margall, Joaquín Pi i Arsuaga.


CENTRO Y CENTRO-DERECHA REPUBLICANA

La base social de los partidos republicanos de centro y centro-derecha fueron las clase medias y los sectores profesionales, así como una pequeña burguesía laica y democrática pero muy temerosa del movimiento obrero.

En lo referido a su ideario, fueron partidarios de reformas limitadas, defendiendo una democracia política y una separación Iglesia-Estado, pero críticos con los partidarios de reformas socioeconómicas importantes.

El gran partido del centro político fue el PARTIDO REPUBLICANO RADICAL de Alejandro Lerroux. Fundado en 1908 cuestionó desde sus comienzos los fundamentos del sistema oligárquico y conservador de la monarquía de Alfonso XIII. Democrático y laico, este partido derivó a lo largo de la II República desde posiciones cercanas a la izquierda (aceptó la Constitución de 1931) hasta la colaboración estrecha con la derecha católica en el Bienio Conservador (1933-36), periodo en que controló la jefatura de gobierno. Su acercamiento a la CEDA de Gil Robles provocó la escisión de su ala izquierda y la fundación del ya mencionado Partido Radical Demócrata de Martínez Barrio. Esa aproximación del radicalismo a la derecha cedista provocó también la salida del partido de Clara Campoamor, la gran luchadora por el voto femenino durante la II República.

Alejandro Lerroux

Otro partido republicano de centro-derecha fue DERECHA LIBERAL REPUBLICANA de Niceto Alcalá-Zamora y Miguel Maura. Alcalá-Zamora fue un personaje clave durante el periodo republicano ya que entre 1931 y 1936 detentó el cargo de presidente de la República.  En el verano de 1931 su partido pasó a llamarse PARTIDO REPUBLICANO PROGRESISTA y a comienzos de 1932 sufrió una escisión de su ala derecha comandada por Miguel Maura, que fundó el PARTIDO REPUBLICANO CONSERVADOR. Hijo del conservador-monárquico Antonio Maura, Miguel intentó articular una opción republicana conservadora pero fue sobrepasado por el ascenso de la CEDA, quedando su partido relegado a un papel secundario y a una representación escasa. También de centro-derecha y minoritario fue el PARTIDO REPUBLICANO LIBERAL DEMÓCRATA de Melquíades Alvárez. Para las elecciones de febrero de 1936 el centrista Manuel Portela Valladares, jefe de gobierno en la fase final del último bienio, creó un nuevo partido que logró un aceptable resultado (diecisiete diputados) y que fue conocido como PARTIDO DE CENTRO NACIONAL REPUBLICANO o PARTIDO DE CENTRO DEMOCRÁTICO.

Mención aparte merece la AGRUPACIÓN AL SERVICIO DE LA REPÚBLICA, creada a principios de 1931 por intelectuales de la talla de Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Pérez de Ayala. Estuvo presente en el parlamento en la primera legislatura pero el desencanto por la evolución de la II República llevó a su disolución en octubre de 1932.

Niceto Alcalá-Zamora


DERECHA Y ULTRADERECHA NO REPUBLICANA

La base social de la derecha política no republicana fue muy variada, incluía desde la oligarquía terrateniente, industrial y financiera, la pequeña burguesía rural y provinciana tradicional, el campesinado minifundista y propietario del centro-norte del país y, en general, los grupos católicos y monárquicos, apoyados por amplios sectores del ejército y la Guardia Civil.

Las ideas básicas que aglutinan a sectores tan diversos giran entorno a tres cuestiones: por un lado un catolicismo integrista defensor de la confesionalidad del Estado, un rechazo frontal a las reformas socio-económicas de la izquierda republicana que consideran antesala de una revolución, y, por último, un marcado nacionalismo españolista que defiende un centralismo rígido y rechaza todo proyecto autonómico.

El gran partido de la derecha no republicana fue ACCIÓN POPULAR, nacido a partir de la iniciativa del periodista y futuro cardenal Ángel  Herrera Oria en abril de 1931 con el nombre de ACCIÓN NACIONAL. Desde muy pronto fue el joven abogado Gil Robles el que dirigió el partido, que pretendía atender a las demandas electorales de amplios sectores de la sociedad española, sectores conservadores, monárquicos, españolistas y, sobre todo, católicos. Aunque en sus comienzos Acción Popular no se enfrentó al régimen republicano, con el tiempo terminará considerando a la República como una amenaza frente a los valores que defiendían y consideraban consustanciales a la idea de España.  A partir marzo de 1933 Acción Popular se coaligó con numerosos partidos conservadores de pequeño tamaño y carácter provincial o regional para formar la CONFEDERACIÓN DE DERECHAS AUTÓNOMAS (CEDA), propugnando un Estado corporativo que le hizo acercarse progresivamente a posturas cada vez más proautoritarias e incluso, en el caso de su organización juvenil, filofascistas. La CEDA apoyó en el parlamento al gobierno del Partido Radical (1933-36) y desde octubre de 1934 formó parte de él con varios ministros.
Otro partido que atrajo a sectores de la vieja clase caciquil y al pequeño campesino castellano fue el conservador y católico PARTIDO AGRARIO ESPAÑOL de Martínez de Velasco, nacido en 1934 uniendo bajo sus filas las distintas corrientes y candidaturas del agrarismo conservador español que ya habían participado en las elecciones de 1931, mostrándose contrarios entonces a la Constitución Republicana y, sobre todo, a la reforma agraria.

José María Gil Robles

A comienzos de 1933 el sector más monárquico y conservador de Acción Popular comandado por Antonio Goicoechea abandonó el partido y fundó RENOVACIÓN ESPAÑOLA. Apoyado por Alfonso XIII y un amplio sector de la aristocracia, mantuvo una frontal política antirepublicana y colaboró con carlistas y falangistas. Como Acción Popular, Renovación Española también tuvo pretensiones hegemónicas en la derecha y para ello fundó en 1934 el BLOQUE NACIONAL de la mano del recién llegado del exilio José Calvo Sotelo , que solo logró atraer a minoritarios sectores ultranacionalistas y a algunos carlistas. Calvo Sotelo, antiguo ministro de Primo de Rivera, fue asesinado unos días antes del comienzo de la Guerra. Uno de esos pequeños partidos que formaron parte del Bloque Nacional fue el PARTIDO NACIONALISTA ESPAÑOL de José María Albiñana, partido monárquico y ultraderechista que tuvo una mínima representación parlamentaria en 1933 y 1936.

José Calvo Sotelo

En la extrema derecha podemos distinguir por un lado los carlistas de COMUNIÓN TRADICIONALISTA, integristas católicos y profundamente antirepublicanos, comandados por el Conde de Rodezno y por el andaluz Fal Conde. Por otro lado los partidos claramente fascistas, seducidos por el corporativismo mussoliniano y el nazismo alemán, entre ellos citemos a las JUNTAS DE OFENSIVA NACIONAL SINDICALISTA (JONS) de Ramiro de Ledesma, nacidas en 1931 y posteriormente fusionadas con un pequeño grupo ultranacionalista castellano dirigido por Onésimo Redondo. En 1933 nació FALANGE ESPAÑOLA dirigida por José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador. En 1934 ambas organizaciones se fusionaron y en ella destacó especialmente la figura de Primo. Su postura claramente profascista y golpista no logró grandes apoyos, aunque su sección paramilitar demostró gran capacidad para desestabilizar las calles en los meses anteriores a la Guerra Civil. Ese nuevo partido fue la base del partido único creado por Franco (Decreto de Unificación de 1937), siendo los requetés carlistas y los camisas azules de la Falange instrumentos básicos de la brutal represión franquista durante las primeras fases de la Guerra.


José Antonio Primo de Rivera

NACIONALISTAS Y REGIONALISTAS

En lo referido a las ideas básicas y la base social de los nacionalismos debemos partir de su carácter muy heterogéneo, al tratarse de partidos de ideología muy variada, que se mueven desde la izquierda obrera nacionalista (con algún peso en Cataluña) pasando por la izquierda moderada federalista o independentista apoyada por clases medias progresistas (muy fuerte en Cataluña y con cierto peso en Galicia o Valencia) hasta la derecha burguesa-conservadora y partidaria de un autonomía limitada (importante en Cataluña y, en menor medida, en Mallorca) y terminando en un nacionalismo conservador y católico apoyado en la burguesía pero sobre todo en el pequeño campesino propietario fuerista (País Vasco y Navarra).

El nacionalismo catalán era, sin duda, el más influyente y poderoso. El nacionalismo político catalán durante la II República se apoyó en una base social mayoritariamente no obrera, alimentada por las potentes clases medias progresistas y la nada desdeñable burguesía financiera e industrial catalana.
Hubo partidos catalanistas de base obrera como PARTIT CATALÀ PROLETARI o UNIÓ SOCIALISTA DE CATALUNYA, pero como ya comentamos, fueron muy minoritarios.  En 1931 nació un partido clave para el republicanismo de izquierdas en Cataluña y que fue la principal agrupación política en este territorio durante la mayoría del periodo republicano: ESQUERRA REPUBLICANA DE CATALUNYA (ERC) surgió de la fusión del más moderado Partido Republicà Català y del independentista Estat Català. Los dos principales líderes del nuevo partido catalanista se convirtieron en los dos primeros presidentes de la nueva Generalitat catalana, Francesc Macià lo fue hasta 1933 y Lluís Companys le sustituyó y mantuvo el cargo hasta 1939 y el fin de la Guerra Civil. La participación de este último en los sucesos de octubre de 1934 le llevó a la cárcel, posteriormente sería fusilado por los franquistas después de la contienda, en 1940. Otro partido catalanista menos importante fue ACCIÓ CATALANA REPUBLICANA (entre 1931 y 1933 denominado PARTIDO CATALANISTA REPUBLICÀ), que formó parte del frente de partidos catalanistas republicanos de 1936 junto a ERC y que tuvo líderes de gran importancia en el catalanismo como Luis Nicolau d´Olwer, que llegó a ser ministro en el Gobierno Provisional de la República. Este partido nació de la fusión en 1931 Acció Catalana y Acció Republicana de Catalunya.

Lluís Companys

El otro gran partido catalanista, que había sido hegemónico en época de Alfonso XIII, fue la LLIGA REGIONALISTA, cofundado en 1901 por Francesc Cambó y que durante el periodo republicano cambió su nombre por el de LLIGA CATALANA. Tenía pretensiones autonomistas moderadas y representaba los intereses de la burguesía catalana, por lo tanto se caracterizaba por un carácter conservador y por su recelo hacia el poderoso movimiento obrero catalán, de mayoría anarquista. Esto le llevó a colaborar con el gobierno radical-cedista durante la II República y posteriormente a apoyar al bando rebelde durante la contienda, lo que provocó que sus simpatizantes sufrieran las consecuencias de la represión republicana durante Guerra Civil.

El nacionalismo vasco también gozó de relevancia en el periodo republicano, aunque sus características eran muy diferentes al catalán. Su gran base tradicional fue el pequeño campesino tradicionalista vasco-navarro, especialmente vizcaíno, aunque las transformaciones socio-económicas sufridas por el territorio ampliaron progresivamente su base social a sectores burgueses y urbanos.

Al margen de pequeños partidos como ACCIÓN NACIONALISTA VASCA, republicano y de izquierdas, el nacionalismo vasco fue mayoritariamente conservador, católico y fuerista, articulándose entorno al PARTIDO NACIONALISTA VASCO (PNV). En 1930 se refundó el PNV a partir de la reunificación de las dos tendencias en que se había dividido casi una década antes, una más moderada (Comunión Nacionalista Vasca) y otra más independendista, Aberri. En las primeras elecciones republicanas se presentaron coaligados con los carlistas con una postura integrista católica y antirepublicana que entorpeció la posibilidad de conseguir la autonomía territorial. La ruptura con los carlistas en 1932 y la asunción de una línea más moderada posibilitó la consecución de la Autonomía Vasca en 1936 (aunque sin Navarra) y el nombramiento del primer Lehendakari, José Antonio Aguirre.

José Antonio Aguirre

Menor importancia tuvo el nacionalismo gallego, mayoritariamente autonomista-federalista. Al margen del ORGA, luego PARTIDO REPUBLICANO GALLEGO, que ya comentamos que se integró en 1934 en Izquierda Republicana, habría que hablar del federalista PARTIDO GALEGISTA de Rodríguez Castelao. Aunque este partido logró aumentar sus apoyos a lo largo del periodo republicano, éstos fueron limitados. En 1936 y dentro de las candidaturas del Frente Popular, consiguió 3 diputados.

En otros territorios existieron débiles movimientos regionalistas y pequeños partidos como ESQUERRA VALENCIANA, republicano de izquierdas, el PARTIDO REGIONALISTA DE MALLORCA, autonomista y conservador, o el incipiente andalucismo federalista liderado por Blas infante, que siempre participó en política a través de opciones de republicanas de izquierda.


PROCESOS ELECTORALES DURANTE LA II REPÚBLICA

González Casanova definió el complejo sistema electoral republicano como una variante del sistema mayoritario, utilizando una combinación de voto limitado y de la segunda vuelta. Se buscaba un equilibrio, con el voto limitado se trataba de dar representación a las minorías de cierta importancia y con la segunda vuelta, que la relevancia adquirida por estas minorías fuera contenida.

Lo cierto es que la legislación electoral favorecía a las grandes coaliciones. Las abultadas victorias o las derrotas no dependieron tanto del número de votos como de la capacidad de las distintas opciones de aunar fuerzas y presentarse en bloque a las elecciones. La desunión de las derechas en 1931 y 1936 y de las izquierdas en 1933 favoreció el triunfo abrumador del contrario. Por lo tanto, el carácter poco proporcional del sistema favoreció a los partidos que pactaban su entrada en una lista amplia, de la misma manera que daba ventaja a los partidos con mayor presencia a nivel territorial, ya que era mejor ganar por pocos votos en muchas circunscripciones que ganar por muchos votos en pocas circunscripciones. Estas circunscripciones eran provinciales aunque con matices: las urbes de Madrid y Barcelona constituían circunscripciones propias, mientras que el resto de las ciudades de más de cien mil habitantes formaban también circunscripciones incluyendo en este caso a los pueblos de sus respectivos términos municipales.

El hecho de que las victorias aplastantes en escaños no se correspondieran en votos tiene como ejemplo evidente las elecciones de febrero de 1936, en las que la representación de la izquierda en el parlamento fue muy superior a su predominio en número de votos. Pero el sistema electoral republicano no facilitaba tampoco saber con seguridad el número de votos recibidos, ya que cada votante elegía un número variable de candidatos en cada circunscripción, perdiéndose también la posibilidad de saber con seguridad a quién vota el ciudadano al agruparse los candidatos en amplias coaliciones heterogéneas.

Colas para votar en febrero de 1936
 (fotografía de Agustí Centelles)

A lo largo del periodo republicano se sucedieron cuatro grandes procesos electorales nacionales: las elecciones generales a cortes de junio de 1931, noviembre de 1933 y febrero de 1936, y la elección de compromisarios para el nombramiento del Presidente de la República en abril de 1936. El presidente de la República debía ser elegido de forma indirecta y mixta (asamblea mixta de diputados y compromisarios electos), una excepción legal fue el nombramiento de Alcalá-Zamora elegido por las Cortes con el nacimiento del régimen republicano.

Como ya comentamos, fueron muchos los partidos con representación parlamentaria, pero muy pocos los que consiguieron suficiente peso como gobernar o determinar con su poder parlamentario al gobierno de turno. Tres de ellos tuvieron gran presencia en las Cortes, fueron el PSOE, la CEDA y el PARTIDO REPUBLICANO RADICAL. El primero fue el gran partido de la izquierda española y mantuvo una amplia representación parlamentaria en todas las elecciones generales republicanas, incluso en 1933, cuando el derrumbe de la izquierda no impidió que fuera la tercera fuerza en las Cortes y alcanzara casi sesenta escaños. La CEDA (antes Acción Popular) comenzó su andadura como Acción Nacional y con resultados muy modestos (cinco escaños en 1931) para convertirse en el gran partido de la derecha católica en las elecciones de 1933 y 1936. El PARTIDO REPUBLICANO RADICAL llevó una trayectoria opuesta a la CEDA, durante las elecciones de 1931 y 1933 fue el gran partido de centro republicano pero el desgaste de sus años de gobierno (1933-36) provocaron su hundimiento en las elecciones de febrero de 1936 en las que su resultado fue ridículo, alcanzando solo cinco escaños. En la izquierda moderada existieron también partidos que alcanzaron cierta relevancia, pero nunca de forma continuada ni con tanta importancia como los citados, es el caso del PARTIDO RADICAL SOCIALISTA que sobrepasó los sesenta diputados en 1931 o IZQUIERDA REPUBLICANA que casi llega a los noventa en 1936.

ELECCIONES DE JUNIO DE 1931

Las elecciones a Cortes Constituyentes de finales de junio de 1931 (el proceso incluyendo la segunda vuelta se prolongó posteriormente) supuso la victoria abrumadora de los partidos republicanos que firmaron el Pacto de San Sebastián e impulsaron la proclamación de la II República y el Gobierno Provisional (PSOE, Acción Republicana, Partido Radical Socialista, Partido Republicano Radical, Derecha Liberal Republicana, catalanistas de centro-izquierda, etc.). Estos partidos se presentaron agrupados entorno a la CONJUNCIÓN REPUBLICANO-SOCIALISTA, mientras que la derecha monárquica y católica lo hizo desunida y debilitada, por lo que la presencia en Cortes de las opciones conservadoras no republicanas fue casi testimonial y no sobrepasó los cincuenta escaños. En este parlamento solo había tres mujeres, Victoria Kent (Partido Radical Socialista), Clara Campoamor (Partido Republicano Radical) y Margarita Nelken (PSOE).

De todos los partidos republicanos tres fueron los únicos que sobrepasaron los cincuenta diputados: el Partido Socialista (Besteiro), con más de cien, el Partido Republicano Radical (Lerroux) con noventa y el Partido Radical Socialista (Marcelino Domingo) con poco más de cincuenta. Este reparto de escaños y el predominio abrumador de socialistas y republicanos tuvo como consecuencia la elaboración y aprobación de la Constitución de 1931, una carta carente de consenso que fue rechazada de plano por los conservadores, la Iglesia y la opinión pública católica y la Oligarquía, especialmente la terrateniente. La descentralización que preconizaba, su laicismo y las medidas sociales que recogía la convirtieron en inasumible para amplios sectores que carecían de una representación parlamentaria destacable en 1931 pero sí la tuvieron en las siguientes elecciones, momento en que cuestionarán parcial o totalmente la filosofía del texto constitucional.



ELECCIONES DE NOVIEMBRE DE 1933

El desgaste de Azaña y la descomposición de la Conjunción Republicana-Socialista terminó provocando la convocatoria de elecciones para noviembre de 1933. Al contrario que en las elecciones anteriores, la derecha se presentó unida bajo la alianza UNIÓN DE DERECHAS Y AGRARIOS, formada en esencia por la CEDA, el Partido Agrario, Renovación Española y Comunión Tradicionalista. Los resultados fueron contundentes: la CEDA se convirtió en el principal partido en el parlamento solo seguido de cerca por el Partido Republicano Radical de Lerroux, partido que asumirá en los años siguientes la tarea de gobierno con el apoyo cedista. Entre los partidos de izquierda la debacle fue absoluta y solo el PSOE superó los cincuenta escaños. Los motivos del hundimiento de la izquierda republicana habría que buscarlos más que en el acceso al voto de la mujer, en la desunión con la que se presentó a las elecciones y en la creciente tensión social del primer bienio, que provocó una gran frustración y radicalización obrera y en relación con ello un pánico entre numerosos sectores de clase media, temerosos de una revolución social.



Si por algo recordaremos en nuestra historia estas elecciones fue por ser las primeras en las que las mujeres españolas pudieron votar. Como ya dijimos, es probable que esa circunstancia no favoreciera tanto a las derechas como algunos historiadores han creído y políticos y políticas de la época vaticinaron. La Constitución de 1931 recogía la igualdad de sexo lo que suponía, por lógica, la llegada del voto femenino. En el debate sobre el acceso al voto de la mujer tuvieron gran protagonismo las tres diputadas del parlamento en la primera legislatura. De ellas, Clara Campoamor fue decidida defensora del sufragio femenino, mientras que las feministas Kent y Nelken (ya citadas) consideraban necesario postergar la decisión para evitar dar ventaja a las derechas, al considerar excesiva la influencia que la Iglesia conservadora tenía sobre una población femenina mayoritariamente tradicional e ignorante. El voto mayoritario de los socialistas, catalanistas de izquierda, grupos minoritarios del centro republicano y también de las derechas, estas últimas por claro interés electoral, permitió la aprobación del sufragio femenino. En 1933 y 1936 fueron elegidas varias mujeres como diputadas, cinco en 1933 y seis en 1936, la mayoría de partidos de izquierda. Solo Margarita Nelken fue elegida en los tres procesos electorales.

Mujeres votando en 1933

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El voto femenino en la II República


ELECCIONES DE FEBRERO DE 1936

Las últimas elecciones generales antes del golpe militar fueron a comienzos de 1936. Se enfrentaron, en un contexto convulso de grave crisis social y política, una izquierda agrupada entorno al Frente Popular (Front d'Esquerres en Catalunya) y una derecha desunida, incapaz de lograr cohesión de cara a una jornada electoral tan relevante. A la conformación del Frente Popular ayudó la durísima represión que siguió a la Huelga General de octubre de 1934, en la que murieron más de un millar de personas y fueron encarceladas varias decenas de miles. Este panorama (cohesión izquierdas- desunión derechas) estuvo acompañado por un fuerte desgaste de gobierno y desprestigio por corrupción del gran partido de centro, el Partido Republicano Radical, lo que favoreció la radicalización y fractura en la sociedad española.

Los resultados de las elecciones del 16 de febrero de 1936 tuvieron una lectura clara:

  • Por un lado, el país quedó dividido en dos bloques ideológico-políticos prácticamente igualados. Aunque el sistema electoral republicano no facilita hacer cálculos, parece que la diferencia en votos de izquierda y derecha fue mínima y se movió entre el 2 y el 7 %, superando claramente ambas posiciones ideológicas el 40% de los sufragios (más de 4 millones de votos). Sin embargo, el propio sistema electoral primó la victoria del Frente Popular como antes lo hizo con las derechas en 1933 y dio a sus partidos un predominio aplastante en el parlamento.
  • Por otro lado, el voto de centro se redujo ostensiblemente y se volvió casi residual, alcanzado entorno al 5% de los sufragios. El Partido Republicano Radical, antaño partido clave por su fortaleza y liderazgo casi desapareció y Lerroux no logró ser diputado.




A la tensión que rodeó a las elecciones se añadieron las acusaciones de fraude en algunas circunscripciones, es el caso de Cuenca y Granada. Tras la segunda vuelta en marzo y la repetición de las elecciones en esas circunscripciones citadas, los resultados definitivos arrojaron un predominio absoluto de la izquierda en las Cortes, con tres partidos claramente por encima del resto: el PSOE con casi cien diputados y la CEDA e Izquierda Republicana con más de ochenta. Otros partidos con representación destacable fueron Unión Republicana y ERC. En el centro solo el partido de Portela Valladares, recién creado, logró acercarse a los veinte diputados; entre las derechas, a parte de la CEDA ya nombrada, solo el Bloque Nacional de Calvo Sotelo y los agrarios lograron alcanzar la barrera de los diez diputados. Entre los partidos conservadores que superaron los diez diputados hay que citar también la Lliga Regionalista de Catalunya.

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Elecciones de 1936

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Elecciones de 1936, 
distribución de votos por partidos y provincias

Las islas más remotas del planeta


En nuestro planeta hay lugares muy remotos, de muy difícil acceso donde la sensación de aislamiento es total. Probablemente esa sensación se incrementa si estamos hablando de islas. En el mundo hay varias de ellas que están muy alejadas de cualquier tierra firme y, por sorprendente que parezca, algunas están pobladas permanente por población enraizada en el territorio.
En esta entrada nos vamos a acercar a varias de esas islas. Unas tienen habitantes todo el año, algunas solo están habitadas parte del año por científicos o militares y otras están despobladas, pero todas ellas tienen en común su aislamiento.

Tristan da Cunha, el lugar habitado más aislado del mundo


Vista de la única localidad de Tristan da Cunha, Edimburgo de los Siete Mares

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                                    (Vídeo en inglés sobre la vida cotidiana en Tristan da Cunha)


TRISTAN DA CUNHA  es el lugar habitado permanentemente por población nativa más remoto y aislado del planeta. La isla está ocupada en su inmensa mayoría por un volcán y la pequeña localidad de Edimburgo de los Siete Mares está situada en su extremo noroeste, en una estrecha franja aplanada que ocupa una pequeña parte de la abrupta isla. En Tristan viven algo menos de 300 personas, la mayoría emparentadas (solo hay 8 apellidos diferentes). Esta isla, como la isla de GOUGH, en la que hay una base meteorológica sudafricana permanente, es una dependencia de la isla de SANTA ELENA (territorio británico de ultramar). Santa Elena es la isla más poblada de todo el Atlántico sur y es muy conocida por ser el lugar de destierro y reclusión de Napoleón. Cuenta con varias localidades y más de cuatro mil habitantes y de ella depende también otra pequeña isla escasamente habitada (no llega a mil habitantes), situada a más de mil kilómetros hacia el norte: ASCENSIÓN

Paisaje volcánico de la isla de Ascensión, posesión británica en el Atlántico

Isla de Santa Elena, posesión inglesa en el Atlántico

Al sur de Tristán da Cunha y Gough, en ese inmenso espacio oceánico donde se unen el Oceáno Atlántico  el Océano Glacial Ártico hay dos archipiélagos muy aislados, ambos británicos: son las islas GEORGIAS DEL SUR y las SANDWICH DEL SUR. Reivindicadas por Argentina, estos dos grupos de islas están a casi mil quinientos kilómetros de las islas Malvinas y carecen de población permanente nativa. Durante un tiempo existió un enclave ballenero con una respetable población denominado Grytviken en la isla principal de las Georgia del Sur. Hoy existe cerca de las ruinas de la estación ballenera una base científica. Como curiosidad, en 1905 se liberaron renos para abastecer de carne  a los trabajadores del centro pesquero y en la actualidad existe en la zona la mayor colonia de renos silvestres del mundo.

Iglesia de Grytviken, en las Georgias del Sur

Islas Sandwich del Sur

En esta misma área, pero hacia el este está el lugar más aislado de nuestro planeta. No hay tierra emergida a menos de mil seicientos kilómetros ni lugar habitado a menos de dos mil. Se trata de la pequeña isla de BOUVET, un pequeño islote de 49km2 cubierto casi en su totalidad por glaciares. Descubierta por el francés Bouvet en el siglo XVIII, fue anexionada a Noruega en 1930. Hoy está completamente deshabitada.

Bouvet (Noruega) es la isla más remota que existe

Al norte de Santa Elena, ya en Europa, en el Atlántico Norte, existen también islas remotas y perdidas. Es el caso de la isla de Corvo, la más occidental del archipiélago portugués de las Azores, o las islas noruegas de Jan Mayen y Svalbard. CORVO tiene algo más de cuatrocientos habitantes y, aunque cercana a la isla de Flores, ambas han tenido tradicionalmente un fuerte aislamiento con respecto al resto de su archipiélago. JAN MAYEN es una isla noruega a más de quinientos kilómetros de Groenlandia o Islandia y a casi mil de Noruega. Solo está habitada por una estación científica. Más al norte, en el Océano Glacial Ártico, se sitúa el archipiélago noruego de las SVALBARD, un extenso grupo de islas con un clima muy frío y habitado por apenas tres mil personas, algo más de la mitad noruegos y el resto mineros rusos que por el Tratado de Svalbard de 1920 tienen derecho a explotar sus recursos.


Isla portuguesa de Corvo, perteneciente al archipiélago de las Azores

Costa de la isla Jan Mayen

Localidad de Longyearbien, capital de las Svalbard

Cerca del paso entre el Atlántico y el Índico, al sur de este último oceáno, se sitúa el archipiélago de KERGUELEN, a dos mil kilómetros de la Antártida y a cinco mil de Ciudad del Cabo. El archipiélago, al que se tarda seis días en llegar desde la también francesa isla de Reunión, está constituido por una gran isla (Grand Terre) con casi siete mil km2 y multitud de pequeñas islas. A pesar de su tamaño, el lugar tiene un clima muy adverso y está deshabitado, salvo por la presencia de un nutrido grupo de científicos en la base de Port-aux-Français.

Mapa de la isla principal de Kerguelen, posesión francesa en el Índico

Base científica francesa en Kerguelen

En pleno centro del Océano Índico se encuentra la isla-atolón de DIEGO GARCÍA (Reino Unido), perteneciente al archipiélago de Chagos. Por su posición estratégica, Diego García y el resto de islas fueron desalojadas y su población nativa (1.800 habitantes) obligada a trasladarse para construir en ella una gran base estadounidense. Aunque muy lejana, la isla tiene una posición central en el Índico que le otorga un gran valor militar.

Atolón de Diego García

Pero si un océano alberga más islas remotas ese es el inmenso Pacífico. En esa enorme masa de agua sobreviven comunidades humanas en lugares tan remotos como las islas Marquesas (Francia), Pitcairn (Reino Unido) o Pascua (Chile).
PITCAIRN es un lugar interesantísimo. Es el único territorio británico de ultramar en el Pacífico. Está habitado por menos de cincuenta personas de nueve familias, en su mayoría descendientes de los amotinados del barco Bounty y de la población polinesia que huyó con ellos hace siglos a esta isla deshabitada y desconocida por entonces. Viven en un único asentamiento humano, Adamstown, y tienen su propia lengua, el pitcairnés-norfolkense, una mezcla de inglés y tahitiano hablado también en la isla australiana de Norfolk.

Isla de Pitcairn

Escuela de Adamstown, capital y única localidad de Pitcairn

Las ISLAS MARQUESAS son un grupo numeroso de pequeñas islas que constituyen el lugar más remoto de la Polinesia Francesa. A casi dos mil kilómetros de Tahití, se dispersan en una amplia área y solo algunas de ellas están habitadas por varios miles de habitantes. Hoy el incipiento turismo y la creación de aeropuertos ha reducido sensiblemente su secular aislamiento.

Las islas Marquesas son de origen volcánico

A varios miles de kilómetros al este se sitúa la isla chilena de PASCUA O RAPA NUI. Habitada tradicionalmente por población polinesia que conserva su lengua (también se habla español) y que fue capaz de crear una compleja cultura cuya máxima expresión fueron los monumentales ídolos de piedra conocidos como moáis. En la actualidad la isla tiene más de cinco mil habitantes de los que la mitad conservan la lengua autóctona.

Moáis en la isla de Pascua (Chile)

En el Pacífico, pero en áreas más septentrionales, encontramos otras islas remotas y perdidas, aunque en este caso sin población nativa permanente, o deshabitada como en el caso de la isla francesa de Clipperton o con la presencia de militares o científicos como en las islas estadounidenses de Midway, Palmyra o Johnston.

CLIPPERTON, a más de mil kilómetros al oeste de México, es un minúsculo atolón bajo dominio francés. Con forma anular, contiene un lago en su interior y su altura media es muy baja, salvo un pequeño promontorio de 29 metros. Hoy está deshabitado, pero a finales del siglo XIX y comienzos del XX hubo una comunidad de mineros del guano y luego una guarnición militar mexicana, la mayoría de cuyos integrantes terminó muriendo por hambre y enfermedad abandonados a su suerte por un México en guerra civil.

Isla de Clipperton

PALMYRA y MIDWAY son dos pequeños atolones estadounidenses perdidos en el Pacífico y convertidos hoy, después de haber tenido funciones militares, en zonas naturales protegidas. Son lugares deshabitados, salvo por funcionarios o investigadores ecologistas. Como curiosidad, en las cercanías de Midway se desarrolló una de las batallas navales más importantes de la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad el anillo coralino que forma Midway tiene gran valor ecológico por su riqueza en aves pero sufre las consecuencias de la invasión de toneladas de plásticos que arrastran las corrientes hacia el atolón y que ponen en peligro la supervivencia de su riqueza natural.

Costa de Palmyra

El atolón de Midway se compone de dos pequeñas islas

Caso a parte es la pequeña isla de JOHNSTON, espacio militar cerrado y ocupado casi por completo por una base del ejército con más de mil hombres. Con apenas 2,8 km2, Johnston es una minúscula tierra emergida al suroeste de Hawai.

Isla de Johnston

La evolución de la industria lítica en el Paleolítico

Diversas herramientas empleadas en el Paleolítico
Si algo caracterizó a los primeros hombres y los diferenció de otros homínidos fue, sobre todo, su capacidad para fabricar útiles. No solo utilizar objetos como instrumentos, sino especialmente darles  una forma para que resultaran más eficaces, forma no accidental sino buscada conscientemente de acuerdo con modelos uniformes.

Proceso de elaboración de un bifaz

PALEOLÍTICO INFERIOR (2,5 millones de años- 125.000 años)

Homo habilis fabricando un canto tallado

Los primeros utensilios de fabricación humana encontrados hasta la fecha aparecen asociados al HOMO HABILIS: son los cantos tallados o trabajados por una cara (cantos monofaciales o choppers) o por dos caras (cantos bifaciales o chooping tool). Eran cantos en los que se había conseguido un filo cortante mediante percusión, empleando otra piedra más dura llamada percutor. Esta primera manifestación cultural se denomina PEBBLE-CULTURE O CULTURA DE LOS GUIJARROS. Probablemente el hueso y la madera fueron también empleados como útiles cortantes, pero por una parte es difícil reconocer en ellos el trabajo humano, y por otra parte su conservación hasta nuestros días ha sido imposible.


Canto trabajado monofacial del Paleolítico superior

Canto trabajado bifacial del Paleolítico inferior

Con el tiempo, la industria de cantos tallados se hace más compleja al extenderse la talla al resto del núcleo, buscando formas apuntadas que, al ser trabajadas por las dos caras, reciben  el nombre de bifaces. Estos instrumentos, llamados también hachas de mano, conforman la base de la denominada INDUSTRIA ACHELENSE, extendida por África, Europa y Asia y asociada a HOMO ERECTUS. La industria achelense se caracteriza también por una progresiva diversificación de los útiles buscando una mayor eficacia: aparecen, junto al bifaz, el hendedor, el triedro o la raedera. Pero  no por ser los bifaces las piezas más llamativas de esta etapa hay que infravalorar la tendencia creciente a lo largo de la últimas fases del Paleolítico inferior a trabajar no solo los núcleos de las piedras, sino también las lascas y esquirlas que saltan de ellos al tallarlos, y que conforman una auténtica industria de lascas. Ese trabajo con lascas supone el desarrollo de una nueva técnica de trabajo que denominamos "técnica levallois", consistente en la talla centrípeta del núcleo de piedra para obtener lascas cuya forma ha sido predeterminada por el tallador.

El Homo Erectus conocía el fuego y lo usó para endurecer las puntas de sus armas de madera

Bifaz achelense

Bifaz achelense

PALEOLÍTICO MEDIO (125.000-40.000 años)

En Eurasia aparecerá una nueva cultura ligada a un nuevo tipo humano, el HOMBRE DE NEARDENTAL, y denominada CULTURA MUSTERIENSE.  Esa cultura más evolucionada tendrá ya un gran desarrollo de la industria lítica sobre lascas. 
Globalmente asistimos en este periodo a un doble proceso:
-Microlitización o reducción del tamaño de los útiles, desapareciendo progresivamente la industria macrolítica.
-Mayor especialización y diversificación tipológica. Ahora serán frecuentes raederas, denticulados, cuchillos, puntas, raspadores o buriles.

El hombre de Neardental ya empleaba gran variedad de armas

Piezas de sílex de la industria musteriense del Paleolítico medio

PALEOLÍTICO SUPERIOR (40.000-10.000 años)

Los rasgos que identifican al Paleolítico Superior, durante el que vive el HOMO SAPIENS SAPIENS, frente a otros periodos previos son muchos:
- Por un lado continua el proceso de microlitización con el desarrollo de la industria laminar, que supone el trabajo sobre lascas más largas que anchas. Eso supone un mejor aprovechamiento de la materia prima y una mayor rentabilidad de su uso en relación a una determinada función.
- Asistimos a la profundización en una tendencia que viene de mucho antes, a una mayor diversificación tipológica, que se observa en el desarrollo de las herramientas de hueso y asta (proyectiles como azagayas o arpones, punzones, agujas, etc.). Este cambio industrial va destinado a obtener una mayor eficacia en el aprovechamiento del medio.

Variedad de herramientas y adornos del Paleolítico superior





Hombres del Paleolítico superior cazando


En el área europea se aprecia en el Paleolítico Superior una sucesión de culturas:

- CHATELPERRONENSE, vinculado con las últimas manifestaciones de la cultura musteriense.
- AURIÑACIENSE, caracterizado por la presencia de gran variedad de industria lítica. Las puntas con pedúnculo o los raspadores son piezas muy representativas. También es frecuente la industria sobre asta y  hueso como las azagayas de base hendida.

Puntas pedunculadas auriñacienses

- GRAVETENSE, en el que el elemento más característico en la punta de Gravette.


Puntas gravetenses


- SOLUTRENSE, en el que la talla del sílex alcanza una gran perfección y se multiplican los tipos de puntas de flecha muy logradas. Entre las piezas líticas apuntadas destacan las puntas de cara plana (de sección muy plana y retocadas en toda la superficie de una cara) o las hojas de laurel o de sauce (puntas retocadas en las dos caras).
Hoja de laurel solutrense

- MAGDALENIENSE, caracterizado por un gran desarrollo de la industria sobre hueso y asta, destacando azagayas y arpones. En lo referido a la industria lítica son frecuentes los buriles, relacionados con el frecuente trabajo del hueso, raspadores y puntas.

arpones del magdaleniense


Para finalizar presento aquí algunos otros recursos con los que podemos trabajar sobre este tema. En primer lugar un sencilla presentación de elaboración propia con los más representativos instrumentos del Paleolítico con información sobre su cronología y su uso. Además he seleccionado un par de vídeos que muestran el desarrollo de las técnicas de la fabricación de herramientas líticas.


                           Herramientas del paleolítico from Juan Carlos Doncel Domínguez

            video

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