BLOG DIDÁCTICO DE JUAN CARLOS DONCEL (IES SIERRA DE SAN PEDRO. LA ROCA DE LA SIERRA, BADAJOZ)

La guerra en los siglos XVI y XVII

Ejércitos españoles en la Guerra de los Treinta Años

Cuando en los albores de la Edad Moderna los reyes quisieron imponer su autoridad, lo primero que hicieron fue crear grandes ejércitos bajo su control directo en los que integrar a la nobleza, prohibiendo las huestes privadas nobiliarias. La centralización del poder y el fortalecimiento de la autoridad real despojaron a los castillos de la nobleza de su valor militar y quedaron convertidos en palacios o conservados por prestigio como recuerdo de épocas gloriosas.
Esto ocurrió a la vez que la caballería pesada, integrada exclusivamente por nobles, perdía su primacía en el campo de batalla frente la infantería (primero arqueros, luego piqueros y arcabuceros) y la artillería.


                


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Las fortificaciones tuvieron que adaptarse también a los cambios en la guerra. Los avances tecnológicos de la artillería llevaron a la aparición en el siglo XVI de nuevas murallas mucho más gruesas que soportaran las descargas artilleras sin derrumbarse.

Murallas renacentistas de Berlanga del Duero

Precisamente el desarrollo de la artillería supuso la aparición más tarde de un nuevo tipo de fortificaciones mucho más eficaces, fueron las fortalezas vauvan o abaluartaladas, de las que son un magnífico ejemplo el Fuerte de la Concepción (Aldea del obispo, Salamanca) y las murallas de Almeida, en Portugal. Nacidas en el siglo XVII, se generalizaron y perfeccionaron en el siglo siguiente.

Fuerte de la Concepción (Aldea del Obispo)
Almeida (Portugal)

Uno de los mejores ejemplos de fortalezas abaluartadas en España son las murallas de Pamplona, cuya ciudadela pentagonal hemos aprovechado para mostrar las principales partes de este tipo de fortificaciones.